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Un rincón que te abrigue

Mis escritos, mis canciones, mi reflejo

Si un día te fueras lejos

Si un día te fueras lejos escribiría la canción más hermosa del mundo para que suene en todos lados hasta llegar a vos.

Dibujaría la casa que nos gusta con todas las cosas que lleva adentro y te la enviaría, solamente para que no te olvides donde está tu hogar.

Si un día te fueras lejos buscaría en todos los periódicos las noticias del sitio en donde vos estás, solamente para sentir que vivo allí también.

Le contaría a las estrellas cómo estuvo mi día por si el eco te alcanzara.

Si algún día te fueras lejos a mis mañanas les faltaría despertar con tu ternura disfrazada de reloj, entonces me encontraría almorzando directamente por no reconcer bien el tiempo.

Si algún día te fueras lejos extrañarías “Sentir” solamente por el hecho de sentir al escuchar mi voz. 

Te faltarían mis letras, mis silencios, mis palabras con alma y las que digo solo para que queden por ahí. 

Extrañarías que me anime, que me arriesgue mucho o que no me arriesgue nada, que sea ingenua, preguntona, rústica.

Pero si tuvieras que irte a buscar algo que yo no tengo, lo entendería. Y después de un par de amaneceres bajo las sábanas y dos o tres lágrimas, iría en búsqueda de algo nuevo. 

Porque si algún día tuvieras que irte pasaría todo eso, menos detenerte.

 

 

 

No es casualidad

La luna aparece para embellecer un poco el ruido del reloj,

el sol se va despacio para poder verla un ratito y luego hacerle sitio,

y apenas se cruzan en el cielo pero se saben complementarios.

Se los nombra al mismo tiempo, se los espera sincronizadamente, se los observa desde abajo.

Cada tanto un eclipse los entrelaza, los encuentra y los fortalece en su esencia.

Casi imperceptiblemente se va formando una gota de lluvia,

se desliza sobre un techo produciendo un sonido

y al unirse a otras forman toda una melodía.

No es casualidad dejarse nacer, no es casualidad dejarse morir.

Eso que sentimos y lo decimos tal como es, directo, esencial,

sale de nuestra boca y va al corazón de alguien más,

construyendo algo que no tiene límites.

Lo que callamos pasa de largo, no cambia ninguna historia, no nos completa.

Un abrazo profundo tiene algo para decir,

por eso tiene que ser distinto a todos los demás

porque nunca tenemos para decirle lo mismo a dos personas por igual.

Surge de alguien y viaja hasta otro, 

pero si el que origina el abrazo es el único que lo hace siempre, un día deja de formarse.

No es casualidad dejarse nacer, no es casualidad dejarse morir.

Cuestión de tiempo y mariposas

Si hoy tuviera un diario de esos en los que escriben los nenes pequeños, mi capítulo empezaría diferente a todos los demás. Comenzaría con una explicación que permita entender mejor las demás cosas. “Es cuestión de tiempo y mariposas….”. Así empezaría a contarles.

Creer. Eso es lo primero que se pierde en el camino cuando pasa algo grande. Grande de verdad. Y por acá pasó algo así. 

Tengo una herida que ya casi cicatrizó pero al rozarla demasiado despierta. Mirate bien, porque vos  debés tener alguna también. Hay que detenerse para verlas porque se esconden debajo de la piel y a veces aparecen en el momento menos indicado. La mía se cura pero necesita tiempo, ternura, quizás acariciándola en vez de simplemente tocarla sane más rápido. Voy probando.

Ya no sueño tanto, creo que por eso no necesito compañía para dormirme. 

No es que me aburran las palabras pero conozco muchas, muchísimas. Y me gusta escuchar las mismas de siempre pero necesito que despierten en mí un significado diferente, que construyan un escrito en mi corazón y no en mi hoja: ahí no es necesario porque las invento, en el otro lado no puedo.

Mirar a los ojos fue también vivir allí dentro, y honestamente, ya no me conformo con una burda fotografía de los hechos. 

No es que no vea la belleza, el deseo, lo que atrae de mí… Es porque no puedo volver a amar, como pasó una vez, que nadie llega a convertirse ni siquiera en mariposa. Y eso pasa si se les impulsa a volar antes de tiempo, incluso cuando quieren quedarse en tu jardín. No me inquieta, sé que afuera está lleno de flores esperando ser habitadas por ellas, pero todo jardín necesita un par de mariposas volando por ahí, lo sé. 

Y de repente, cada tanto ocurre que irremediablemente algo pasa con las almas como la mía, porque tenemos tendencia a encontrarnos en sitios inesperados, a atraernos. Y empiezo a descubrir que algo sucede un día al azar en el que nos reiniciamos mutuamente, algo se conecta después de mucho tiempo entre dos, alguien te invita a andar a la par suyo y no te suelta, y vos tampoco te soltás. Y las reglas cambian, y la sonrisa encuentra nuevas formas, y la coincidencia es mutua: buscamos lo mismo y ya sabemos lo que es morir, entonces lo único que nos conforma es vivir verdaderamente.

Quizás para nosotros las mariposas tienen otro sentido, otra función en nuestros jardines, otros colores.

Quizás es cuestión de encontrarse entre mariposas iguales, del mismo orígen, con el mismo vuelo.

Cuestión de tiempo.

 

 

Bailemos

Estamos en una pista diferente, con poca luz, lejos de la gente, sonriéndonos, cómplices en lo desconocido, mirándonos a los ojos. De fondo suena una canción que inspira y solo estamos nosotros dos. Decías que No, pero ahora ambos damos un paso diferente, hacia adelante, para encontrarnos, nos dejamos llevar más allá de todo y nos entregamos a nuestra propia música para descubrir un nuevo ritmo juntos. 

Bailemos.

Mis brazos van a ubicarse alrededor de tu cuello y los tuyos alrededor de mi cintura. Es necesario quitarse todo lo que nos distancie, por ejemplo, la ropa. Quiero sentir mi pecho sobre el tuyo, no importa cómo pero me gusta saberte ahí por completo. Mis dedos van a ir bajando, recorriendo tu espalda desde el cuello hasta el final. Después quiero hacer lo mismo por delante, desde tu cuello hasta el abdómen. O quizás más. La piel se siente, se va erizando, y el camino se hace más fácil y se convierte en una sola ruta hacia la misma dirección.

Bailemos.

Apoyo mi mejilla sobre la tuya y me acerco despacio a tu oído, te digo algunas palabras susurradas y rozo suavemente mis labios. Se me escapan un par de besos (me gustan los besos así, esos que provocan cosas inesperadas).

No estabas acostumbrado a ésto, se nota. Uno viene de otros viajes con equipajes diferentes y cada uno es una experiencia distinta. No esperes nada, ni lo pienses, simplemente necesitamos sentir.

Bailemos.

Enseñame cosas que te gusten, seamos solamente vos y yo. Por hoy olvidemos experiencias pasadas, busquemos lo que necesitemos justo ahora, lo que nos venga de adentro.

Dicen que hay una memoria que es diferente a todas las demás, una que proviene del alma que hace que las cosas sucedan solas cuando lo dejamos revelarse.

Bailemos.

Vamos moviéndonos despacio, a la par, como hacen las olas, descubriendo nuevas formas, animándonos a romper de una forma que no conocíamos, siguiendo el ritmo, haciéndose cada vez más intensos todo los sentidos, componiendo una canción solamente nuestra. Ninguna de las sensaciones pasadas cuentan, hoy estamos inventando ésta nueva melodía.

Bailemos.

No sé bien cómo nos encontramos. Quizás fue una canción, una duda, un deseo escondido…

Pero no digas que no, si nunca estuviste acá.

 

Cuánto quería que ésto pasara

Valientes aquellos que nos atrevemos a frenar el mundo por un segundo,

a mirarnos diferente delante de todos los demás,

que el fuego que avivamos es el de aquello que sentimos,

que creemos en encontrarnos algún día si aún no lo hicimos, 

que nos estamos buscando paralelamente a un mundo que nos aleja,

que nos mezcla un poco todo por dentro y nos ensucia el corazón con otras reglas,

pero nosotros nos descalzamos y simplemente pisamos juntos, al mismo tiempo,

de cerca, o a lo lejos,

porque tenemos el amor de nuestro lado,

porque nunca sabemos cómo vivir pero lo descubrimos de alguna manera.

Valientes aquellos que nos sentamos en cualquier médano, de cualquier playa, o en cualquier vereda, de cualquier calle, sin tiempo

y podemos mirar el cielo, besar las manos de alguien, acariciarnos sin límites.

Valientes los que nos animamos a decir ” Cuánto quería que ésto pasara…”

y elegimos encender una luz diferente, de día, de noche

solos, acompañados…. Pero con el alma entera.

Andas por el mundo como yo

Andas por el mundo como yo,

esquivando vacíos y persiguiendo burbujas,

queriendo ser un poco más de lo que nos dejan ser

y luchando un poco con aquello por lo que te odiarían.

Andas por el mundo como yo,

pateando piedras que aparecen en el camino,

viviendo según pasan las olas, 

todavía no encontraste el sentido absoluto de pasar por aquí

pero conoces casi todas las señales.

Andas por el mundo como yo,

y en tu pequeño cielo hay un castillo junto a las estrellas

y  en las noches de luna llena puedo verte desde acá,

recostado sobre ella, 

porque andas por el mundo como yo,

cuidando a tu alma que ha sufrido algunos desencantos,

alimentando su esencia con cosas diminutas para la mirada del resto,

y puedo sentir que sin buscarme me estuviste encontrando

y que cada vez que me encontrás nuestras almas se alivian.

A pesar de tanta gente, de tanto ruido, saber que estás entre todo ésto….

Saber que andas por el mundo como yo…

Eso se parece a un milagro.

 

Diferentes tipos de sonrisas (Allí mismo…. o un instante después)

Lo descubrí en mi misma, mientras me dejaba arrastrar por una ola con la tabla menos profesional de todas, la que se consigue en cualquier parte, llena de colores, de espalda al sol, de frente al mar y de cara al viento, como a mi me gusta. O quizás fue en el instante que siguió después, mientras me secaba el pelo, mirando el escenario con el que había interactuado desde más lejos. 

Parece que la forma en la que sonreímos es la forma en la que la vida nos está pasando por dentro. Yo siento que, dependiendo de cada momento, tenemos una expresión determinada. Y eso de reír profundamente sí que es algo serio…

Por ejemplo, está la sonrisa antes de sonreír. Esa que va abriendo el camino, que se va formando como una ola, que prepara el estallido y recorre la sensación hasta el final.

Está la sonrisa que tenemos mientras extrañamos a alguien. Esa que sale igual, pero siempre le falta un color para llegar a ser aquella que es cuando tu todo está completo alrededor.

Hay una que conspira para hacer felíz a alguien, y yo siempre siento que esa es más suya que mía. Es como una sonrisa compartida, con dos dueños.

También está la sonrisa que sale al mundo acompañada de una mirada distinta, las que hablan sin hablar, como si juntas fueran un lenguaje en sí mismo.

Las que vienen como un huracán y tienen sonido por encima de todo lo que es ruido….. Las que iluminan como una vela porque generan intimidad y calma interior en el corazón de otro…. 

Ya que nadie sabe bien dónde está ubicado el alma adentro nuestro, yo quiero descubrir otras formas de sonreír nuevas, de esas que me hagan percibir más acerca del sitio en donde puedo llegar a hallarlo.

Asuntos pendientes

Dicen que la felicidad no tiene que ser un asunto pendiente, que está en las pequeñas cosas, y así es como intento vivir mi vida. Decir eso que estás sintiendo y no eso que estás pensando: ese es el desafío más grande… ¿Probaste alguna vez? El límite es muy chiquito, muy engañoso. 

Mi primera foto cuando llego a éste lugar, en la costa, siempre es distinta a las siguientes: los colores se ven menos nítidos y yo me veo como una chica de oficina. Cuando los días van pasando mi cuerpo me pide una vida distinta, mi sonrisa muestra una fase inagotable, se asoman mi piel y mis ganas de todo lo que te imagines, se me tatúa la mirada hacia el horizonte que quiero y me atraen personas muy diferentes (algunas de ellas las guardo en mi baúl de cosas que me iluminaron distinto, con la etiqueta de: «Mi algo pendiente»).

También dicen que estamos solos. Solos para encontrar nuestro camino, nuestras metas, nuestra felicidad, a pesar de estar rodeados de gente. Siento que es cierto. Cada persona que está a nuestro lado va detrás de su búsqueda, de sus deseos, nadie va a saltar del barco por vos si su vida está en riesgo, y a veces “riesgo” es algo que ni siquiera podes entender. Y pensar que yo creía en un corazón con forma de nido….Y quizás exista. Todavía no me fui a dormir así. Pero ahora sé que eso no es casualidad, es valentía, es apuesta, es proteger algo más que no es a vos mismo.

Me gusta mirar mi última foto de éstos días donde siempre me veo más parecida al paisaje en el que quiero vivir…. con el que podría vivir. Estoy cerca, cada vez más. 
Por menos asuntos pendientes y más fotos que no sean solamente fotos sino verdaderos retratos del momento.

Una inversión de amor en el tiempo

Cerca de mi casa están creciendo dos árboles. En el medio de los dos hay una calle de tierra por la que transitan los autos. Lo mágico de esos árboles es que en vez de crecer hacia arriba, solitarios en su pedacito individual de tierra como habitualmente sucede, lo están haciendo uno en dirección al otro, entonces ambos tienen una estructura distinta.

Cada año los veo más cerca uno del otro, con sus troncos bien fuertes y sus copas enormes con cientos de hojas, creciendo sin detenerse y siempre a punto de unirse entre sí. En otoño retroceden un poco en su intención de alcanzarse porque les faltan las hojas y parecen más alejados. Es que es un proceso lento, con contrariedades naturales, una inversión de amor en el tiempo. Me los imagino a cada uno atravesando tormentas, vientos fuertes sacudiendo su interior, secándose cada tanto en algunas partes pero fortaleciéndose el uno al otro con cada centímetro de cercanía. Parecen tener un fin en común.

Siento que algún verano voy a llegar y voy a verlos unidos, ensamblados por sus ramas, con todas sus  hojas intercaladas formando uno solo, así, como ellos eligieron crecer y convertirse en algo distinto: un puente para que los demás pasen por abajo. Pensaba en lo hermosa que va a ser esa calle cuando eso pase. Les falta poco.

Creo que ellos eligieron ser algo diferente, salir de lo común, no quedarse solamente mirándose desde enfrente, apostar a ser algo más que dos simples árboles creciendo al costado de una calle, algo que emociona en cada atardecer y que se va construyendo a través de los años.

La naturaleza a veces me enseña cosas sobre el amor, la paciencia y el desafío.

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