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Un rincón que te abrigue

Mis escritos, mis canciones, mi reflejo

Confesiones en voz baja

Siempre se trató de ser amigos. Incluso apostando a todo el sexo del mundo, cuando dejábamos de serlo, ya no nos quedaba nada más.

Mi profesión es enseñar, aunque en eso de volver a sentir soy yo quien necesita ser la alumna. Y hay varios entrenadores pero escasea ese maestro que siempre invierte en horas extras. De todas maneras, nadie tiene por qué hacerlo.

Quizás alguna vez te pasó de escribir la palabra “Sentir” en un apartado más chiquito, junto con otras como “Confianza” y “Entrega”, así, con mayúsculas al empezar. Hoy mantengo ese párrafo en un lugar que no resalta demasiado pero mientras tanto en voz baja puedo hacerte algunas confesiones.

Puedo confesarte, por ejemplo, que me gustaba vivir el momento. 

Dejarme besar por completo, desprender uno por uno los botones de la camisa, hacer nudos de corbata sin necesidad de vestirnos, arrojar el anillo por la ventana, dar un cachetazo y no arrepentirme en absolutocorrer desesperadamente a la madrugada con total conciencia de ser una inconsciente, dormir en una cama que no debía, romper todas las reglas, llorar y reír, subirme a la ola. 

Hay tantas cosas más….

Siempre se trató de ser amigos, con cada uno de ellos que pasó por mi vida. Incluso cuando desplegábamos el mejor discurso o el más intenso de los planes, si dejábamos de serlo ya no nos quedaba nada más.

Confieso que así me gustaría volver a vivir el momento, como alguna vez lo hice, de la única forma que sé hacerlo.

 

(En el video una canción acompaña a las escenas de la película que ví ésta noche:”One day”. Una casual autobiografía)

 

 

 

 

 

 

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Celebro sin una razón en especial

Hoy celebro sin una razón en especial.

Celebro haber nacido luna y no querer ser sol.

Celebro la calma después de la transición y la culminación de cualquier proceso que me lleve a mirarme al espejo para maquillarme y poder verme hasta el alma.

Celebro por la parte que me falta recorrer, para que se convierta en faro y en deseo, para que la vida me presente lentamente al resto de los protagonistas de ésta historia y para que yo tenga la capacidad de poder verlos al tenerlos frente a mí y permitirles formar parte.

Celebro no ceder a la expectativa ajena que no rima con la manera en la que miran mis ojos verdes.

Celebro, incluso, aceptar que podría estar equivocada.

Celebro mis errores porque de ellos me quedó lo más importante: lo que soy ésta noche.

Celebro las formas, los medios, los pasos en falso y los aciertos en donde se puso en juego mi entereza y siempre salió ganando.

Celebro un nuevo comienzo o un nuevo final, sin saber bien cómo describirlo según los hechos cronólogicos, que jamás coinciden con los tiempos del corazón.

Celebro todas mis aristas: desde la sensación de no creer ya en ciertas cosas hasta la posibilidad de revertirlo si notara que algo crece a mi lado en la misma tierra en la que estoy plantada.

Hoy celebro sin una razón en especial, simplemente por celebrar.

Herencia

Nos lleva toda la vida aprender sobre la vida. Imagínense cuánto sabemos sobre la muerte.

Hubo una noche, hace unos meses atrás, en la que ví a un corazón dividirse en muchas partes para darle vida a otros. Con eso me bastó para saber que antes no había aprendido nada y que esa era mi primera lección. El resto fue ver cómo se repartían cosas, pocas, porque el dueño tenía el triple que yo pero no acumulaba nada que fuera material. De eso no quise saber nada más.

Pero nunca creí que había algo para mí, y era precisamente todo lo que no se podía tocar. Todo eso que era suyo se vino conmigo: los abrazos, las palabras en forma de respuestas, la compañía, los días juntos cerca del mar, las sonrisas, toda su mejor parte repartida entre sus afectos tan bien preservados en medio de tantos descuidos. Su verdadera obra, esa que yo misma ví construir, hoy se suma a la mía.

¿Qué aprendí de la muerte? Lo que diste vuelve, lo que cuidaste algún día te protege de otra cosa, lo que dejaste ir con amor te convoca alguna vez con amor.

Creo que ésta es una especie de herencia…. Creo que de la muerte aprendí sobre la vida.

Mi inspiración me hace libre

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Ésta es la hora en la que nuestras playas de la costa quedan vacías de veraneantes y llegan los pescadores.

Todos los que interactuamos con el mar de alguna manera tenemos algo en común: necesitamos aprender a esperar. Esperamos olas, vientos norte, subidas y bajadas de la marea, lo que sea para lograr nuestro fín. Y en el mayor de los casos el fín es simplemente el trayecto, y el trayecto es la inspiración.

Mi inspiración me hace libre y soy libre de muchas maneras…

Soy libre en una charla honesta al atardecer…

cuando me recuesto al lado de alguien que quiero sólo para hacerle bien…

cuando veo castillos de niños armados por adultos…

cuando canto otra vez esa canción…

cuando surfeo y logro dar un paso más…

cuando siento por dentro lo que pasa afuera…

cuando en vez de interpretar elijo algo que se deja entender…

cuando pautamos amor desde el amor…

cuando pido perdón…

cuando perdono…

En definitiva, el mar está en todas las etapas de mi vida. Será que siempre fue el trayecto.

 

 

Yo sé lo que trae la tormenta

Yo sé lo que viene después de la tormenta…

Después de la tormenta queda quitar los restos de agua de todos los rincones que fueron invadidos. Porque el agua limpia pero también invade, y lo hace muy despacio, y cuando queres darte cuenta ya llegó a tus rodillas.

Después de la tormenta un espacio se inunda y es necesario drenar por algún sitio. Si eso no pasa sobreviene el deterioro. Odio el deterioro, creo que duele más que cualquier reemplazo.

Es inevitable que no suceda: una tormenta cada tanto hace falta, para que un rayo caiga con fuerza y nos haga temblar de pies a cabeza.

La tormenta es renovación, reciclaje, imposición, temor, poder, fuerza, incertidumbre…

Y mientras todo ese gran fenómeno sucede, algunas letras se agrupan en nuestra mente y arman palabras, y ellas forman nombres. Porque cuando algo nos da miedo simplemente surgen nombres, como si fueran refugios.

La tormenta también es eso: cercanía.

Esa cajita que llaman corazón

No todas las noches se expresan tan claramente como las de luna llena,

ni todos los pájaros van a comer de tu mano…

No todas las personas que pasen por tu mundo van a hacerte compañía,

ni todas las manos que te toquen van a darte calor cuando haga frío…

No siempre el más débil es el domesticado,

ni el más fuerte el superpoderoso…

No todas las navidades son para todo el mundo,

ni todo el mundo es compatible a la hora de hablar de sangre….

Y en un sitio donde todo parece inmenso e impredecible, ahí te ves a vos mismo, con la única arma que te mantiene vivo: el latido de esa cajita que llaman corazón.

 

 

Lenguajes

A veces hablo con él… No porque quiera sembrar flores en campos imaginarios o porque vaya a hacerlo toda la vida, sino porque ahora él puede escuchar a mi corazón.

A veces hablo con él… Y entonces le cuento algunas cosas que siento, sobre los besos de los demás y mi nueva percepción del mundo, aquello que no pude decirle antes, o sobre la manera en la que aún sigo conocièndolo sin querer a traves de lo que dejó.

A veces hablo con él… ¿Por qué no lo haría? Tantas veces hablamos con alguien que está a nuestro lado y no nos escucha…

A veces hablo con él… Y un pájaro grande se posa en la pared de mi balcón a mirarme, y yo le muestro la manera en la que cambió mi vida antes y después. Pero creo que ya lo sabe.

A veces hablo con él… No porque sea ingenua, sino porque es parte de otro lenguaje nuevo que la vida te enseña de un día para otro, uno que se parece al de aquella lágrima que se quedó entre mis dedos.

Lenguajes… Aunque no quieras cada sentimiento te va enseñando uno nuevo.

Cambio de piel

A lo lejos se oye que alguien grita «Basta» y una puerta se cierra de golpe, dejando atrás un sitio que ya no es una posibilidad en la lista.

Durante una cena llena de gente alguien se quita una máscara y la arroja con fuerza sobre la mesa. Todo se congela por un momento. Todo, menos el protagonista que ahora está en carne viva, a cien años luz del resto, ardiendo de pasión por dentro.

Un cartel con publicidad clavado al costado de la ruta por la que viajas dice «Nunca más» y tu cabeza naturalmente empieza a enumerar cosas.

Cada vez que revuelvas la caja de fotografías, cuando recorras carpetas virtuales o calles principales, el frío va a llegar hasta tus huesos pasando primero por el corazón. Vas a saber que ellas ya no existen.

Qué difícil es el cambio de piel..

Qué valiosa la manada que te protege…

Qué rápido vuelve a renovarse…

Todo y nada al mismo tiempo

El hotel que está frente a mi casa ya apagó la luz. Las ventanas también se van apagando una por una, como si fueran párpados que se van cerrando de a poco. Cuando eso pasa me gusta ir al balcón y sentarme a mirar las estrellas que aparecen todas de golpe. Así es el universo: mientras algo se apaga otra cosa se enciende, pero ésta noche puedo ver que los sentimientos desafían incluso al mismísimo universo.

¿Quién dijo que hay un momento para cada cosa? Que hay uno para extrañar, otro para olvidar, otro para intentar de nuevo…. ¿Qué saben ellos de programar las horas? Quizás necesitan que alguien les cuente….

Ésta es la hora en la que el hornero descansa en su nido y no necesita salir a buscar nada.

Es la hora en la que la mariposa ya cambió su ADN y solo le queda ser aquello que es hasta que muera.

También es la hora en la que a veces me acompañan a casa, me dan un beso en la boca y aún sigo siendo yo misma.

Es la hora en la que el mar desiste de demostrar su fuerza y su poder porque nadie lo puede ver en su profundidad, excepto algún barco. Él sabe bien.

Ésta es la hora de ser todo a la vez y nada al mismo tiempo. Ser mar, estrellas, hornero, mariposa, y olvidar que alguna vez fuimos esclavos del tiempo.

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